día de la paz y la no violencia

 Conscientes de que habitamos un mundo con demasiadas experiencias de guerras y de violencia. Conociendo por propia experiencia, y por las noticias de todos los días, que la violencia sigue presente en nuestras ciudades y hasta dentro de nuestra escuela y familias.

Por eso nos manifestamos y nos pronunciamos haciendo esta muralla y escribiendo esta carta..

 

 

Queridas familias:

            Sobrecogida por los acontecimientos que han azotado el país vecino y por la psicosis provocada por el integrismo el mes pasado, pensé en coserme un lápiz negro en la solapa de mi bata escolar, como signo solidario hacia los asesinados.

             Pasado el primer impulso, sentí que no era suficiente manifestar mis sentimientos con un lapicero, que parcela el dolor al referirse exclusivamente a estos últimos atentados, que no son solo contra la libertad de expresión, sino mucho más, contra la dignidad humana y la fraternidad entre los hombres.

             Pensé también que ese lápiz cosido en mi bata podría considerarse frívolo o caduco, que solo tendría sentido si se relacionaba con el atentado a la revista Charlie Hebdo, que solo reflejaba el ataque a la libertad de expresión.

             Y no era solo eso.

             Seguí pensando en cómo transmitir el sentimiento con mayúsculas que me provocaban las imágenes de los atentados, de las declaraciones, de las manifestaciones populares…en definitiva, del desasosiego del mundo en el que vivimos, que no encuentra la Paz, porque no encuentra el Amor.

             Reflexionando, ya con la mente más despejada, me acordé de una frase del mensaje del Papa Francisco para la celebración de la XLVIII Jornada mundial de la Paz:

 “…la fraternidad crea la red de relaciones fundamentales para la construcción

de la familia humana creada por Dios.”

             … Y recordé a otro Francisco, el de Asís.

             Y ante la proximidad de la semana de la Paz, se me ocurrió que quizá podríamos exteriorizar el sentimiento de hermandad, el deseo de verdadera fraternidad en el mundo, llevando en la solapa la imagen de san Francisco que clama:

 “Haz de mí, señor, instrumento de tu Paz”.

             El objetivo último entronca con la verdadera Paz, con aquella que fabricamos paso a paso, con la que cada uno es capaz de proporcionar al hermano con el que comparte el camino de la vida; esa paz renovada, la paz en las pequeñas cosas…la que se encuentra en lo cotidiano, como santa Teresa encontraba al Padre.

             Mi esperanza para hoy es que todos nosotros seamos capaces de transmitir PAZ con sencillos pero verdaderos SIGNOS de paz: mostrando nuestra sonrisa cuando caminamos; con el “buenos días” dicho de corazón; con un “usted primero” al abrir una puerta; con un “gracias”, “gracias por estar ahí”…con tantas y tantas pinceladas de armonía que, poco a poco, hemos ido abandonando.

             Y ante todo, que nunca olvidemos el respeto a la diferencia…esa gran riqueza de la Humanidad.

             Un abrazo.

                         Hasta pronto.